¿Nosotros utilizamos las tecnologías o ellas a nosotros?

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Las tecnologías sólo necesita de ti: que tengas piernas, ojos o manos. La máquina te necesita más a ti que tú a ella. Sólo somos un dedo que puede tocar un botón.

El cuerpo humano como la prótesis de la máquina.

Al pensar en las máquinas como prótesis podemos imaginar cierto gadget que puede ser añadidura, complemento o sustituto de alguna función del cuerpo humano o ir más allá de este. ¿Qué pasaría si fuera al revés? ¿Si la prótesis fuera, no la máquina, sino tú haciendo una función que la máquina necesita? ¿Tú siendo la prótesis? Es posible y de hecho, no es la excepción, sino la regla. ¿Cómo?

Por ejemplo, la máquina con la que haces cardio todos los días en el gym. La elíptica, como máquina deportiva, requiere que tú tengas ciertas características. A la máquina “le interesa” que tengas piernas y brazos de cierto tipo, de cierto tamaño.

Posteriormente, la máquina requiere que hagas ciertas cosas para que esta pueda funcionar; por ejemplo, mover las piernas y los brazos de forma constante, pues las máquinas no funcionarían sin el cuerpo humano. Es así como la máquina te vuelve un elemento más de ella. Lo que nosotros le damos al aparato es algo que este no tiene. La máquina te necesita más a ti que tú a ella. ¿La máquina es la prótesis? Más bien tú te vuelves la prótesis de la prótesis.

Esta relación protética entre las máquinas y el cuerpo humano no es para nada reciente. Esta experiencia la hemos tenido, por ejemplo, desde la aparición de la fotografía en movimiento: el cine. Cuando un conjunto de imágenes fijas aparecen una detrás de otra, el ojo humano produce, dentro de esa organización de imágenes en secuencia, un movimiento aunque ahí no lo haya. En ese momento, el ojo humano se convierte en la prótesis de la máquina de cine.

¡No! No te estás volviendo máquina. ¡Eres la prótesis de la máquina, nada más! Por supuesto, dentro de esta lógica, la idea de cuerpo se transforma. Ya no se ve a éste como un agente activo en donde era necesario un saber técnico y un saber físico (corpóreo) es decir, una destreza para manejar un aparato.

Aparece ahora una nueva idea de cuerpo. De la “integralidad” o fragmentación. La máquina sólo necesita de ti: que tengas piernas, ojos, manos, o mejor dicho, un pie, un ojo y un dedo; lo que sea necesario para que ello se pueda convertir en prótesis de un sistema de aparatos.

Lo que sí es cierto es que la fuerza tecno-científica está transformando la subjetividad. Habrá que hacer un análisis genealógico para darse cuenta de cómo fue que el cuerpo llegó a ser prótesis. De entrada, se cancelan ciertas destrezas corporales para dar paso a otras nuevas: destrezas tecno-científicas. ¿Cómo se integran estas nuevas destrezas? ¿Cómo modifican éstas nuestro proceso de subjetivación? ¿Qué estamos haciendo subjetivo y que antes no lo era?

¡Sólo somos un dedo que puede tocar un botón!

Nos encontramos así ante una nueva forma de individuo: la del sujeto como prótesis de la máquina. Estamos lejos de convertirnos en consumidores y mucho menos en usuarios de las máquinas con libertades para decidir sobre ellas. En los sistemas de aparatos existe inevitablemente un diseño y un objetivo detrás. Toda finalidad de la tecnología está siempre calculada de antemano. ¿Qué está ocurriendo? ¡Sólo somos un dedo que puede tocar un botón! Acaso ¿Estamos dejando de ser seres humanos?

Lo cierto es que, más allá de observar a las tecnologías por sus usos o sus funciones, habrá que interrogarlas por los efectos que tienen lugar cuando éstas ocupan un tiempo y espacio determinados, puesto que las tecnologías nos están haciendo pensar y actuar de otras maneras.