¿Son las nuevas tecnologías prótesis del cuerpo?

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¿Qué tienen en común Freud, Roland Barthes, Sloterdijk y IronMan? Al parecer, las nuevas tecnologías se están convirtiendo algo más que gadgets para nuestro modo de vida. Se están volviendo en prótesis de nuestros cuerpos.

Las tecnologías como suplementos o prótesis del cuerpo humano.

Apenas era 1930 cuando Sigmund Freud (1970), en el ensayo El malestar de la cultura señalaba que: “El hombre ha llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores.” (p.35). Un pequeño diagnóstico de la cultura moderna como una cultura enferma.

Este dios  resultaba bastante profano pues las prótesis están hechas por los mismos seres humanos imperfectos que aspiran a ser divinos. Aunque los ejemplos no son los mismos que en 1930, lo cierto es que este pensamiento refleja un cierto desdeño tanto del cuerpo como de lo humano. Las prótesis buscarían deshacerse de la inferioridad, lo perecedero y lo desechable del cuerpo biológico, es decir de una cierta insuficiencia de “lo humano”.

A partir de Freud, más pensadores se han encargado de llenar el concepto de prótesis en otros sentidos. Por ejemplo: a partir de las tres humillaciones del narcisismo humano —el hombre como “centro del universo”, el hombre como evolución de los monos y no de Dios y el gobierno del inconsciente sobre conciencia—, Peter Sloterdijk añade una más: la máquina humilla al ser humano. Sin embargo, esta vejación parece ser superada cuando el ser humano se atribuye la creación de esos mismos aparatos. Ahora surge la satisfacción pero no por mucho tiempo.

La ofensa aparece otra vez cuando se vuelven evidentes las fuerzas asimétricas en la elaboración de las máquinas —no todos podemos fabricarlas—. En realidad, debajo de esa supuesta “humillación maquinaria” se encuentra otra cosa: no es una máquina siendo superior al ser humano, sino un ser humano —con máquinas— que hace inferiores a otros seres humanos. ¿No será que la tecnología tiene que ver más con las relaciones de poder sobre los cuerpos que con la ciencia?

Para Sloterdijk (2000), las prótesis tecnológicas se conciben más como reemplazos médicos que como accesorios externos al cuerpo. “Lo protésico, sin duda, pudo comenzar como inclusión o añadidura de cuerpos extraños sobre el cuerpo humano, pero no llega a su objetivo sólo hasta el momento en el que crea cuerpos de extensión, que no solamente reparan el cuerpo viejo, sino que aumentan las capacidades y las transforman. Desde este punto de vista, los discapacitados son los precursores del hombre del mañana.” (p. 75)

Somos inválidos felices creándonos constantemente nuevos complementos.

El alto grado de nivel tecnológico está provocando la alienación técnica y el desconocimiento tradicional del mundo. Así las cosas: las prótesis tecnológicas al parecer construyen un mundo y un yo, pero no nos hacen un nosotros mismos. Somos inválidos felices creándonos constantemente nuevos complementos.

¡IronMan parece ser el hijo tecnológico de Freud y Sloterdijk! ¿No? Tony Stark tiene una prótesis médica de reemplazo que le permite sobrevivir y al mismo tiempo tiene prótesis expansivas como prótesis determinantes que le permiten ser un “magnífico” super héroe. ¡¿Ves que sí es?!

¿Las nuevas tecnologías sólo provocan un malestar de la cultura? Uno de los objetos decisivos para el movimiento de mayo del 68 francés fueron sin duda, los radio- transistores. A pesar de que el gobierno tenía el control de los medios de radio y televisión, en los meses de las protestas se escuchaba en las calles de París: De Gaulle, t’es foutu, la radio est dans la rue (De Gaulle, estás jodido, la radio está en la calle).

Era la primera vez que las personas se manifestaban “con la oreja pegada al transistor”. Y es que estos aparatos permitían que los manifestantes obtuvieran información sobre lo que estaba ocurriendo en las calles en tiempo real. Lo que quizás hoy pueda parecer cercano al uso de Facebook y Twitter.

Al respecto de la tecnología y la comunicación instantánea, Roland Barthes (1987) hacía notar una relación entre la máquina y el individuo ya que la radio, siendo en principio un instrumento de comunicación, se volvía mucho más que eso: “…el transistor se convertía en el apéndice corporal, la prótesis auditiva, el nuevo órgano de ciencia-ficción de algunos manifestantes…” (p.190).

Esto es lo que está ocurriendo con las nuevas tecnologías. Hoy parece que ya no podemos vivir sin ellas, sin esa pieza que nos da algo que nosotros no tenemos o que nosotros no podemos: esa parte o elemento faltante resulta ser una prótesis. Hoy cada vez más estamos rodeados y asediados por prótesis tecnológicas. Ellas nos permiten, sin integrarse necesariamente al cuerpo, simplemente vivir de la forma que lo hacemos. ¿Acaso tú puedes vivir sin tu teléfono celular? ¿Sin tu tablet o tu laptop? ¿Te ayudan a sobrevivir? ¿O tú a ellas?

 Barthes, R. (1987). La escritura del suceso. En El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y de la escritura. Barcelona: Paidós.

Freud, S. (1970). El malestar de la cultura. En Sigmund Freud: El malestar de la cultura y otros ensayos. Madrid: Alianza.

Sloterdijk, P. (2000). La modernité prothétique. En L’heure du crime et le temps de l’oeuvre d’art. Paris: Calmann-Lévy.