¿Estamos en la era de los humanos máquina?

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¿Nos estamos convirtiendo en cyborg? Cada vez perdemos más destrezas motrices por el uso de las tecnologías; cada vez más somos prótesis de las máquinas: ellas nos necesitan más a nosotros que nosotros a ellas. ¿Las máquinas nos están haciendo menos humanos?

¿Estamos en la era post-biológica? ¿Nuestro destino es ser mitad humano, mitad máquina?.

Todos recordamos a Robocop, una especie de hombre mitad cyborg y mitad humano: una máquina más allá de lo humano. Este personaje de ficción es el reflejo de una serie de ideas y pensamientos que asumen que las tecnologías establecen cambios; que dichos cambios son progresivos y que éstos siempre son mejores de aquello que dejan atrás. Subrayan un privilegio de lo tecnológico sobre aquello otro, lo humano o biológico.

¿Hay cambios sustanciales a partir de la tecnología? Parece que esta instancia técnica está modificando la subjetividad, las formas de percepción, la cancelación y el privilegio de unos sentidos sobre otros, los cuerpos y su relación en él mismo, con otros cuerpos y con las cosas. Con todo esto se está poniendo en juego otro tipo de subjetividad ¿cual? La subjetividad de la prótesis

Si no reparan a Robocop, ¿sólo habría dejado de funcionar un aparato? O ¿sería homicidio?

Lo que sucede con Robocop es que, a pesar de tener un cuerpo “maquínico”, este sigue afirmándose como humano: sigue teniendo recuerdos, sentimientos, sigue sintiendo amor. Cuando el robot “se descompone”, sus centros de dolor parecen estar “vivos”, parece estar “sufriendo”. Si no lo reparan, ¿sólo habría dejado de funcionar un aparato? O ¿sería homicidio?

Lo primero que debemos hacer es dejar de pensar en oposiciones antagónicas, por ejemplo, conciencia vs cuerpo, naturaleza vs técnica y por tanto humanidad vs. tecnología. Sobre todo, dejar de construirlas como argumentos absolutos o naturales (es decir, que no se pueden cambiar).

Estamos en la era de los humanos máquina

Y es que no existe un espacio o un momento “originario” en donde las cosas se presentan de manera “pura” y sin interferencias, sin mezclas, sin interacciones o sin mediaciones. No hay objeto inmaculado que no esté “contaminado” por otro . Ropocop no es más humano y menos máquina cuando recuerda a su ex esposa. Ni tú más máquina y menos humano cuando no te despegas de tu smartphone. No existen nociones neutrales sino intermedialidades. ¡Qué sorpresa, verdad!

Otro problema sumado a lo anterior es la suposición categórica de que existe una cosa llamada “humanidad” o “lo humano” (así también “lo biológico” o “lo tecnológico”), totalmente definido, exacto, acabado y, por supuesto, natural. ¿Acaso estos conceptos no están atravesados por los contextos en el que se utilizan? ¿El momento histórico en el que se usan? Y claro ¿la lengua en la cual se pronuncia?

Pues bien, ya no es sostenible hablar de “lo humano”, sino de individuos o colectividades: históricamente anclados en una cierta época y lugar y que hablan una lengua determinada. Es decir, no existen “los seres humanos” en general y en abstracto, sino agrupaciones socio-históricas diversas y complejas las cuales configuran formas de subjetividad.

Habrá que dejar de creer que las nuevas tecnologías nos van a llevar a una era post humana o post biológica, en donde la mente es la única que permanece “natural” y el cuerpo se reemplaza por otro que sea -como diría Daft Punk, harder, better, faster, stronger-. Lo único que muestra esta forma de pensamiento es una vergüenza ¿de qué? Del cuerpo y de “lo humano”.

¿Por qué preferimos una máquina a lo humano? En un aparato, los usos y los fines siempre están calculados de antemano por el diseño previo de las máquinas. En cambio, lo humano puedes ir más allá pues responde a mutaciones y estas son incalculables: siempre modifican de manera decisiva nuestras experiencias. De formas inimaginables que siempre nos van a sorprender.

No hay un fin o una superación de “lo humano”, puesto que nosotros -como humanos- estamos en constante cambio. Hay tantas formas de ser humano como seres humanos existen en el universo. Y es que, no somos humanos, nos estamos haciendo humanos.